Inolvidable viaje a Japón

Del 9 al 19 de este mes, mayo de 2016, mi mujer –Merche– y yo, hemos realizado un viaje a Japón por nuestra cuenta. Nos lo hemos pasado fenomenal viajando por varias ciudades, recorriendo sus calles, visitando templos y santuarios, probando comida típica japonesa, etc. Así pues, escribo este artículo para contar, resumidamente, nuestra experiencia en la “Tierra del Sol Naciente” y, al mismo tiempo, espero que pueda servir de guía para aquellos que deseen realizar un viaje similar al nuestro.

Al principio, dudamos entre contratar un viaje por agencia o hacerlo por libre. De modo que, pedimos presupuesto en varias agencias y consultamos a varios amigos que ya habían visitado Japón. Asimismo, buscamos en Internet opiniones y experiencias de otros viajeros. Quizás, el mayor obstáculo que se nos planteaba era el idioma. Pero, finalmente, decidimos ir por nuestra cuenta y nos hemos podido defender muy bien en inglés, ya que, a pesar de que muchos japoneses no lo hablan, otros muchos sí, incluso nos encontramos con algunos japoneses que sabían hablar español.

Sin duda alguna pensamos que, haber ido por nuestra cuenta, ha sido una decisión muy acertada. Hemos venido encantados y llenos de recuerdos inolvidables.

PREPARATIVOS DEL VIAJE

Lo primero que hicimos fue –alrededor de cinco meses antes– buscar vuelos de avión que encajasen en las fechas que queríamos viajar. Entre las distintas ofertas, nos decantamos por ir a Tokio desde Madrid, haciendo escala en París, con Air France. Al realizar ambos vuelos con la misma compañía, facturamos la maleta en Madrid y la recogimos en Tokio. Además, en París no tuvimos que cambiar de aeropuerto. Fuimos al Charles de Gaulle.

Tarjeta de embarque de Madrid a Tookio.
[ Tarjeta de embarque Madrid > París > Tokio ]

Respecto a la vuelta, decidimos hacerla desde Osaka a Madrid, también con Air France y vía París. Después de comprar los billetes de avión, buscamos hoteles. Nuestro plan era pasar las primeras cinco noches en Tokio, desde donde haríamos dos excursiones, una a Kamakura y otra a Nikko. A continuación, queríamos alojarnos dos noches en Kioto y otras dos en Osaka, desde donde haríamos una excursión a Nara. En la página web de Logitravel realizamos las reservas en los siguientes hoteles:
  • Villa Fontaine Tamachi (Tokio).
  • Kyoto Royal Hotel & Spa (Kioto).
  • Ana Crowne Plaza Osaka (Osaka).
Posteriormente, buscamos en Internet información específica sobre lugares interesantes (templos, santuarios, castillos…) ubicados en las ciudades que íbamos a visitar. También, consultamos la Guía Lonely Planet de Japón que nos prestó un compañero de trabajo –¡Gracias Aitor!– y la Guía de Japón de El País Aguilar que me regaló mi madre. Asimismo, buscamos información sobre cómo movernos en la ciudades con el metro, trenes y autobuses.

Con todo ello, ¡ya estábamos listos para viajar a Japón! Además, varios días antes de partir, contacté con algunos amigos japoneses –Akiko, Hiroki, Hiroko, Kazue, Mayuko y Minori– con los que estudié en Eastern Illinois University (EIU) en 1998, por si podíamos vernos después de tanto tiempo. También, contacté con Yuki –amiga de Kazue– que estuvo estudiando español en Salamanca en el año 2000 y, por aquel entonces, vino unos días al Puerto de Sagunto (Valencia). Más adelante cuento cómo pudimos quedar con casi todos en Tokio.

PRIMER DÍA - 9 DE MAYO - SALIDA HACIA TOKIO

En Pamplona, a las 8:10h. cogimos un tren Alvia con destino Atocha-Renfe (Madrid). Llegamos a las 11:20h. Después, con un tren de cercanías fuimos a la Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Desde allí, un autobús nos acercó a la Terminal 2. Posteriormente, a las 15:35h. tomamos el primer avión que nos llevó al Aeropuerto Charles de Gaulle de París. Llegamos alrededor de las 18:00h. y el avión que nos llevaría a Tokio no salía hasta las 23:30h. Por tanto, tuvimos mucho tiempo para pasear por el aeropuerto, cenar y hablar por teléfono con la familia.

SEGUNDO DÍA - 10 DE MAYO - LLEGADA A TOKIO

El vuelo de París al Aeropuerto Internacional de Haneda (Tokio) duró alrededor de 12 horas, por lo que tuvimos tiempo para dormir, leer, escuchar música, ver alguna película… ¡Y por fin llegamos! Al aterrizar vimos varios barcos desde la ventanilla del avión. Nos emocionamos un poco:

Vistas de Japón desde avión aterrizando en Haneda.
[ Aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Haneda ]

Después de recoger la maleta que habíamos facturado –también llevábamos otra de mano– y pasar los controles de pasaporte, nos dirigimos a una Oficina de Turismo que hay en el aeropuerto donde nos dieron información y planos de todas las ciudades que teníamos pensado visitar. Justo al lado de la Oficina de Turismo –a la derecha– compramos los billetes del tren Shinkansen que utilizamos cinco días más tarde para ir de Tokio a Kioto.

Todavía teníamos que llegar al hotel. Así que, pregunté en la Oficina de Turismo cómo nos recomendaban ir a Tamachi Station, que andando estaba a unos 5 minutos del hotel Villa Fontaine Tamachi. Fue bastante fácil llegar cogiendo un tren desde la Terminal del aeropuerto a Shinagawa Station y, después, otro tren que nos llevó a Tamachi Station. Estábamos mirando qué salida tomar de la estación para dirigirnos al hotel, se había hecho de noche, y una joven de unos 25 años –se llamaba Yami– se acercó para ofrecernos su ayuda. Nos preguntó dónde íbamos, de hecho ¡hablaba español! El hotel estaba muy cerca, llovía un poco, y Yami muy amablemente nos acompañó hasta la puerta del hotel. He de decir que, a lo largo del viaje, fueron muchos los que nos ayudaron, bien porque les preguntamos o bien porque se acercaron cuando nos vieron desorientados mirando un mapa o el GPS del móvil.

Hicimos check-in en el hotel y, sin abrir las maletas, salimos a cenar algo. Nos dirigimos hacia la Torre de Tokio que está relativamente cerca del hotel.

Torre de Tokio vista desde la calle.
[ Torre de Tokio ]

Antes de llegar a la Torre de Tokio, paramos en un restaurante. Nos llamó la atención porque estaba bastante lleno de gente joven y pensamos que se comería bien. Eso sí, a la hora de elegir qué comer, lo hicimos en base a las fotografías de la carta. Fue un error no preguntar, porque uno de los platos que pedimos picaba muchísimo.

Carta de platos con fotos.
[ Carta de platos ]

Tres días más tarde, cuando quedamos con mis amigos japoneses, nos dijeron que, por el tipo de comida de la foto, les pareció que habíamos cenado en un restaurante chino, en vez de japonés. Por cierto, algo que nos sorprendió bastante, es que dentro del restaurante se podía fumar. De hecho, más tarde descubrimos que no se puede fumar en todas las calles de Japón, pero sí en muchos restaurantes.

Después de cenar nos acercamos a la Torre de Tokio, pero no pudimos subir porque ya eran más de las 23:00h. y habían cerrado, lo haríamos al día siguiente. Volvimos al hotel a descansar y nos comunicamos con familiares y amigos a través del WhatsApp y Messenger de Facebook. Para ello, utilizamos la wifi del hotel. En los tres hoteles que estuvimos había wifi gratis. Además, a lo largo del viaje, encontramos muchísimas wifis gratis: en restaurantes, cafeterías, estaciones de tren o metro, centros comerciales, etc.

TERCER DÍA - 11 DE MAYO - TOKIO

Hacía un día espléndido. Nuestra habitación estaba en el piso 17 y por la ventana teníamos unas vistas estupendas.

Vistas de Tokio desde el hotel Villa Fontaine Tamachi.
[ Vistas desde el piso 17 del hotel Villa Fontaine Tamachi ]

Habitualmente, no suelo desayunar. Ahora bien, quería probar algo del buffet del hotel. Así que, comí un poco de ensalada, probé un par de albóndigas y dos trocitos de tortilla. El cruasán me gusta con mermelada de melocotón, pero como no había, cogí de fresa.

Desayuno en el hotel Villa Fontaine Tamachi.
[ Desayuno en hotel Villa Fontaine Tamachi ]

Ese día, en primer lugar queríamos ir al famoso Mercado de Pescado de Tsukiji. De modo que, cogimos la línea de metro Asakusa en la estación de Mita, y bajamos en la estación de Shimbashi.

Estación del metro de Mita en Tokio.
[ Estación de metro Mita ]

Al salir de la estación de Shimbashi, fuimos paseando hacia el Mercado de Tsukiji. Pasamos al lado de los Jardines Hamarikyu, aunque no entramos.

Señales en Tokio para llegar al Mercado de Tsukiji.
[ Señales en dirección al Mercado de Tsukiji ]

Al llegar al Mercado de Tsukiji, nos llevamos la sorpresa de que estaba cerrado. Por lo visto, cierran los miércoles y los sábados. Sin embargo, sí estaba abierto el mercado exterior. Por lo que, estuvimos callejeando un buen rato por allí. Vimos muchos puestos donde vendían pescado crudo. Allí mismo lo preparaban y servían para comer en el momento. Nosotros no teníamos nada de hambre y decidimos que ya lo probaríamos en otro lugar.

Mercado exterior de Tsukiji en Tokio.
[ Mercado exterior de Tsukiji ]

Después, fuimos andando al Palacio Imperial, donde vive el emperador de Japón. Había muchos turistas haciendo fotos y sacándose selfies.

Palacio Imperial de Tokio.
[ Palacio Imperial (Tokio) ]

Nuestro siguiente destino era el Templo de Sensoji ubicado en el barrio de Asakusa, que quedaba un poco lejos de donde estábamos. Por tanto, volvimos a coger el metro. Desde la estación de Asakusa al templo hay montones de tiendas de souvenirs. Compramos algunos regalos para la familia. Había muchísima gente visitando el templo.

Templo Sensoji en Tokio.
[ Templo Sensoji (Tokio) ]

Al salir del templo, buscamos un lugar donde comer. Aquí os dejo una foto de mi menú, que incluía una pequeña ensalada, una sopa –que no me atreví a probar– y una rica tortilla de verduras sobre arroz blanco.

Tortilla de verduras.
[ Tortilla de verduras sobre arroz blanco ]

Después, entramos en un Starbucks, justo al lado de los grandes almacenes Matsuya Asakusa, donde también compramos algunos regalos.

Starbuks de Asakusa en Tokio.
[ Starbucks en Asakusa (Tokio) ]

Pasamos buena parte de la tarde paseando por Asakusa, sorprendiéndonos con la arquitectura de los edificios, viendo tiendas y disfrutando de este barrio tradicional de Tokio.

Barrio de Asakusa en Tokio.
[ Asakusa (Tokio) ]

También fuimos al Estanque Shinobazu. Poco a poco, se fueron encendiendo las luces. Nos llamó mucho la atención que, a pesar del tráfico, apenas había ruido. Los coches eran muy silenciosos y las calles estaban limpísimas. De hecho, en todas las ciudades y lugares que visitamos, el suelo estaba muy limpio: no había papeles, ni colillas de cigarrillos, ni chicles pegados...

Calle en Asakusa.
[ Asakusa (Tokio) ]

Al anochecer, decidimos volver a la Torre de Tokio. Esta vez sí subimos y disfrutamos de unas maravillosas vistas de la ciudad.

Tokio de noche.
[ Vistas desde la Torre de Tokio ]

Para cenar, esa noche compramos comida en una tienda 7-Eleven cerca del hotel. En Japón hay muchísimas tiendas de ese tipo donde venden sándwiches preparados, ensaladas, bebidas, helados, fruta, etc.

Ya en el hotel, descubrí que me había dado mucho el sol y tenía los brazos, el cuello y la cara un poco roja. Así que, al día siguiente tendría que comprarme crema para sol si no quería quemarme.

CUARTO DÍA - 12 DE MAYO - EXCURSIÓN A KAMAKURA

Nuevamente, salió un día muy despejado, tanto es así que, desde el hotel veíamos el Monte Fuji a lo lejos.

Monte Fuji desde Tokio.
[ Monte Fuji visto desde el Hotel Villa Fontaine Tamachi ]

Para mí, era urgente comprar crema para protegerme del sol, por lo que, pregunté en la recepción del hotel dónde estaba la farmacia más cercana y fuimos a comprarla antes de ir a Kamakura, una ciudad situada a unos 50 kilómetros al suroeste de Tokio.

La cosa era sencilla, teníamos que coger la línea de tren Keihintohoku desde la estación de Tamachi a la estación de Shinagawa y, desde allí, otro tren de la línea Yokosuka nos llevaría hasta Kamakura. Tardaríamos aproximadamente una hora. No obstante, para asegurarnos de que estábamos en la dirección correcta, en la estación de Tamachi preguntamos a un hombre –se llamaba Sasaki– si el tren que íbamos a tomar era el correcto. Él nos preguntó dónde íbamos y resultó que también tenía que tomar el mismo tren hasta Shinagawa y, después, el tren que nos llevaría hasta Kamakura, pero él se bajaría varias paradas antes, concretamente en Yokohama. Así que, nos acompañó y orientó por la estación de Shinagawa, que es enorme. Allí, anunciaron por los altavoces que nuestro tren sufría un retraso importante. Nosotros no nos enteramos ya que el aviso lo dieron en japonés. Pero, Sasaki nos informó de ello y nos sugirió coger otro tren –de otra línea– hasta la estación de Ofuna, donde debíamos coger otro tren local hasta Kamakura, y así lo hicimos. Fue en placer conocer a Sasaki. Merche nos hizo una foto.

Carlos y Sasaki en Japón.
[ Carlos y Sasaki ]

Además, a Sasaki le pedimos consejo sobre qué visitar en Kamakura. Él nos recomendó ir, especialmente, al Templo de Kotokuin, al Templo de Hasedera y al Santuario Tsurugaoka Hachimangu. Por supuesto, así lo hicimos.

Primeramente, visitamos el Templo de Kotokuin donde se encuentra el Gran Buda de Kamakura, una estatua que mide más de 13 metros de alto, siendo el segundo Buda más grande de Japón, después del Gran Buda de Nara, el cual veríamos unos días más tarde. La estatua del Gran Buda de Kamakura está hueca, pudiéndose visitar por dentro.

Gran Buda de Kamakura.
[ Gran Buda de Kamakura ]

En segundo lugar, fuimos al Templo de Hasedera, un lugar muy bonito.

Templo de Hasedera en Kamakura.
[ Templo de Hasedera (Kamakura) ]

Paramos a comer en un McDonald's de camino al Santuario Tsurugaoka Hachimangu. Como se puede ver en la siguiente foto, había bastante gente visitando el santuario.

Santuario Tsurugaoka Hachimangu en Kamakura.
[ Santuario Tsurugaoka Hachimangu (Kamakura) ]

Posteriormente, fuimos al Templo Kenchoji, donde había muy poca gente y conocimos a una pareja de ancianos japoneses a quienes les pedimos que nos hicieran una foto. Estuvimos hablando con ellos un rato. Nos preguntaron de qué país éramos y él nos contó que había estado en Barcelona, Madrid y Málaga hacía unos 10 años.

Templo de Kenchoji en Kamakura.
[ Templo de Kenchoji (Kamakura) ]

Los alrededores del Templo Kenchoji nos gustaron mucho, era un lugar muy amplio, tenía muchos jardines para pasear y vimos una ardilla. Más tarde, decidimos acercarnos a la playa para ver el atardecer. De camino a la playa nos comimos una crepe cada uno, Merche de manzana y yo de chocolate y coco. ¡Buenísimas!

Al llegar a la playa, para nuestra sorpresa, vimos el Monte Fuji nuevamente. Había mucha gente fotografiándolo.

Monte Fiju visto al atardecer.
[ Monte Fuji visto desde Kamakura al atardecer ]

De allí, emprendimos viaje de vuelta a Tokio. Por el camino, conocimos a Hiroki, un joven que había estado en Barcelona e Ibiza, y que nos ayudó a coger el tren correcto en la estación de Shinagawa para llegar a la estación de Tamachi, donde cenamos unos espaguetis que nos supieron a gloria en uno de sus restaurantes.

QUINTO DÍA - 13 DE MAYO - TOKIO DE NUEVO

El viernes, 13 de mayo, habíamos quedado con Akiko, Hiroko, Kazue y Yuki para cenar. Pero antes, teníamos mucho día para ver Tokio. Así que, después de desayunar, fuimos en tren a visitar el Santuario Meiji.

Puerta al Santuario Meiji.
[ Puerta de acceso al Santuario Meiji (Tokio) ]

Posteriormente, anduvimos hasta el Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio –uno de los más altos de la ciudad– y subimos al observatorio sur. La entrada es gratuita.

Rascacielos de Tokio.
[ Vistas de Tokio desde Observatorio Sur del Edificio Gubernamental ]

Cuando estábamos haciendo cola para coger el ascensor que nos llevaría al observatorio, escuchamos a una pareja hablar español. Así, conocimos a Julio y Margarita –ella de Málaga y él de Lérida– que también estaban viajando por Japón por su cuenta. Estuvimos hablando de lo diferente que era todo con respecto a España: la comida, la forma de vivir, las costumbres... Ellos también estaban disfrutando muchísimo de Japón, habían venido para 22 días y ya planeaban volver el año que viene un mes entero.

Para comer, nos dirigimos hacia Shinjuku, otro de los barrios más característicos de Tokio. En la entrada de un restaurante nos fijamos que había una bandera italiana y dijimos “¡Hoy toca comer pizza!”

Pizza del restaurante Miami Garden de Tokio.
[ Pizza en el restaurante Miami Garden (Tokio) ]

Después de comer, fuimos a Shibuya, otro barrio muy interesante de Tokio.

Calle de Shibuya.
[ Shibuya (Tokio) ]

En Shibuya, cruzamos por el paso de peatones más famoso del mundo –por ser el más transitado cada día– y, desde el Starbucks que está enfrente de la estación de Shibuya, hicimos varias fotos:

Paso de peatones en Shibuya vacío.
[ Paso de peatones de Shibuya sin gente ]

Paso de peatones en Shibuya con gente.
[ Paso de peatones de Shibuya con gente cruzando ]

Aproximadamente a las seis de la tarde regresamos al hotel, ya que, habíamos quedado con Hiroko a las 18:45h. en recepción. Ella nos guiaría al restaurante donde íbamos a cenar junto a Akiko, Kazue y Yuki. Por lo que, tuvimos un rato para descansar.

Bajamos puntualmente y allí estaba Hiroko esperándonos sentada en uno de los sofás. Merche no le conocía personalmente y yo hacía 18 años que no la veía. Le presenté a Merche y nos dimos un abrazo. Salimos del hotel en dirección al restaurante y fuimos hablando por el camino. Para mí, era muy especial poder verle en persona después de tanto tiempo.

Para entrar en el restaurante había que quitarse los zapatos. Habían reservado una sala sólo para nosotros. Enseguida llegó Yuki, y después Akiko y Kazue juntas. ¡Qué gran momento!

La carta del restaurante no tenía fotos. Pero, ni que decir tiene que dejamos que ellas eligiesen por nosotros: brochetas de pollo, tempura de verduras, tortilla, sashimi, etc. Durante la cena, le pedimos a un camarero que nos hiciese una foto:

Cena con amigas japonesas en Tokio.
[ Cena con Yuki, Akiko, Kazue y Hiroko en Tokio ]

Hablamos de muchas cosas; sobre cómo nos había ido después de todos estos años, sobre nuestros trabajos, nuestras familias, hijos, etc. Recordamos vivencias de cuando estudiamos en Eastern Illinois University. Nos acordamos de Izanami (de México), Alex (de Bulgaria) y otros que estudiaron con nosotros. Akiko trajo fotos de aquellos tiempos y un ejemplar de una revista que escribí en su día para los estudiantes internacionales a la que titulé “There is no place like home”. También hablamos de cuando Yuki estuvo estudiando español en la Universidad de Salamanca. Nos preguntaron sobre nuestro viaje. Hablamos de las diferencias culturales que existen entre Japón y España, y sobre muchas cosas más. Por supuesto, les invitamos a venir a Pamplona. Además, les comentamos que a partir de octubre habrá vuelos directos entre Madrid y Tokio, según ha anunciado la compañía Iberia.

Ellas sabían que Merche y yo nos habíamos casado hacía sólo 6 días, y este era nuestro “viaje de novios”. Así que, nos hicieron algunos regalos, incluso ¡una tarta!

Tarta de felicitación.
[ Tarta ]

Con todas hablábamos en inglés, menos con Yuki, que hablábamos en español. Ahora bien, a veces le pedíamos a Yuki que tradujera al japonés algo que queríamos decir. En otras ocasiones, Yuki les pedía a ellas que tradujeran algo al inglés. También usamos el traductor del teléfono móvil cuando no encontrábamos otra forma de decir algo. Fue muy divertido.

A las 21:30h. cerraban el restaurante y Akiko se tenía que ir. De modo que, nos despedimos de ella y los demás fuimos a tomar unos cafés a un bar. Estuvimos hasta que cerraron a las 11:00h. y ya nos despedimos todos. Eso sí, acordamos que no tardaríamos otros 18 años en vernos.

SEXTO DÍA - 14 DE MAYO - EXCURSIÓN A NIKKO

Ese día madrugamos porque ir a Nikko nos iba a llevar más de 2 horas. Además, no queríamos volver muy tarde, ya que por la noche íbamos a quedar con Hiroki, que también estudió conmigo en Eastern Illinois University, y el día anterior no pudo venir a cenar. Lo primero que nos llamó la atención en Nikko fue el Puente Sagrado Shinkyo. ¡Bellísimo!

Puente Sagrado Shinkyo de Nikko.
[ Puente Sagrado Shinkyo (Nikko) ]

Un poco más tarde, de camino al Santuario Toshogu entramos en el Templo Rinnoji, pero este estaba en obras y la visita no nos gustó mucho. Sin embargo, el Santuario Toshogu nos pareció impresionantemente bonito.

Santuario Toshogu de Nikko.
[ Santuario Toshogu (Nikko) ]

Posteriormente, fuimos al Santuario Futarasan y al Templo Taiyuin.

Templo Taiyuin en Nikko.
[ Templo Taiyuin (Nikko) ]

A continuación, decidimos coger un autobús para ir a ver la Cascada Kegon que, al igual que el Santuario Toshogu, la noche anterior nos habían recomendado visitar Akiko, Hiroko, Kazue y Yuki.

Cascada Kegon en Nikko.
[ Cascada Kegon (Nikko) ]

Muy cerca de allí está el Lago Chuzenji, precioso al atardecer.

Lago Chuzenji de Japón.
[ Lago Chuzenji (Nikko) ]

Antes de volver a Tokio cenamos en un restaurante enfrente de la estación de Nikko. Se nos hizo más tarde de lo que pensábamos y finalmente llegamos a las diez y cuarto de la noche al hotel. De todas formas, avisé a Hiroki y quedamos. En media hora se presentó en el hotel con un taxi y fuimos a un restaurante cercano. Fue genial también reencontrarme con él después de 18 años. No teníamos mucha hambre, pero Hiroki pidió algunos platos de comida japonesa que no nos pudimos resistir a probar, y hablamos de muchas cosas: de EIU, de cómo han transcurrido nuestras vidas desde entonces, de las Olimpiadas que tendrán lugar en Tokio en 2020, etc.

Hiroki y Carlos en Tokio.
[ Hiroki y Carlos ]

Le hablamos de nuestros planes de visitar Kioto, Osaka y Nara en los días que nos quedaban. Hiroki nos propuso visitar también Kobe, su ciudad natal, que no queda muy lejos de Osaka. Nos habló del terrible terremoto que tuvo lugar allí en 1995 en el que murieron alrededor de 6.000 personas. Por suerte, él había salido de la ciudad 15 minutos antes y su familia también sobrevivió. Regresamos al hotel hacia la una y media de la madrugada.

SEPTIMO DÍA - 15 DE MAYO - IR A KIOTO

El tren –Shinkansen– que nos iba a llevar a Kioto partía a las 11:07h. desde la estación de Shinagawa. Por tanto, no tuvimos que madrugar mucho. Llegamos a las 13:17h. a la estación de Kioto y aproximadamente a las dos de la tarde al hotel. Queríamos aprovechar el tiempo, así que, no estuvimos ni diez minutos en la habitación y nos dirigimos al Santuario Fushimi Inari. De camino, compramos algo para comer en un 7-Eleven. Ya en el santuario, fue impresionante ver los miles de “toriis rojos” colocados uno detrás de otro.

Santuario Fushimi Inari en Kioto.
[ Santuario Fushimi Inari (Kioto) ]

El siguiente lugar que visitamos en Kioto fue el Templo Toji, donde se encuentra la pagoda más alta de Japón, tiene 57 metros de altura.

Pagoda del Templo Toji en Kioto.
[ Pagoda del Templo Toji (Kioto) ]

Al atardecer, subimos al observatorio de la Torre de Kioto y vimos cómo, poco a poco, se encendían las luces de la ciudad.

Vistas de la Torre de Kioto.
[ Vistas desde la Torre de Kioto ]

Al comprar la entrada para subir a la torre, nos regalaron dos boletos de lotería. De modo que, al bajar, probamos fortuna y, ¿a que no adivináis lo que pasó? Primero fue Merche la que le dio una vuelta a una ruleta. Se equivocó y le dio en contradirección. Así que, el chico que nos atendía enseguida paró la ruleta y nos indicó que había que girarla hacia el otro lado. En el segundo intento salió una bola blanca, a Merche le dieron un muñequito pequeñísimo amarillo, algo parecido a un pollito. Después giré yo la ruleta y salió una bola rosa. Pensé que me había tocado algún regalo de chica. Pero no, ¡me había tocado premio! y un montón de gente que pasaba por allí empezó a aplaudirnos y felicitarnos. Nos quedamos asombrados. Podía elegir entre varios regalos y me llevé un coche teledirigido.

Para cenar, fuimos a la famosa calle Hanamikoji donde hay muchos restaurantes tradicionales japoneses. Pero, se nos hizo tarde y cuando llegamos la mayoría de los restaurantes estaban cerrados o a punto de cerrar. Así que, decidimos volver al día siguiente. De todas formas, esa noche, de camino al hotel probamos las famosas “gyozas” en un restaurante del barrio de Gion.

Calle de Gion en Kioto.
[ Gion (Kioto) ]

OCTAVO DÍA - 16 DE MAYO - KIOTO

Madrugamos para intentar aprovechar al máximo el día y fuimos al Palacio Imperial de Kioto. Pero, tuvimos la mala suerte de que estuviese cerrado porque, según nos dijeron cuando fuimos a sacar las entradas, el día anterior había tenido lugar un festival en su interior, e iba a permanecer cerrado un par de días más. De allí, nos dirigimos al Castillo de Nijo, que sí estaba abierto y nos gustó mucho. Para visitar su interior hay que descalzarse, como ya habíamos hecho en otros lugares, como por ejemplo en el Templo Kenchoji de Kamakura o en el Santuario Toshogu de Nikko.

Castillo de Nijo en Kioto.
[ Castillo de Nijo (Kioto) ]

Fue muy agradable andar descalzo por el interior del castillo. Merche, alquiló una audioguía, la única que alquilamos en todo el viaje. Por otra parte, nos resultó muy curioso escuchar a un guía local hablando en español a una pareja de turistas que parecían ser argentinos.

Lo siguiente que visitamos fue el Templo Kinkakuji –también conocido como el Pabellón Dorado– que está rodeado de mucha naturaleza. Nos pareció un lugar mágico.

Templo Kinkakuji en Kioto.
[ Templo Kinkakuji - Pabellón Dorado (Kioto) ]

No muy lejos de allí está el Templo Ryoanji, al que fuimos andando. Por el camino compramos algo para comer en un FamilyMart. En dicho templo se encuentra el famoso jardín seco (karesansui) compuesto por 15 rocas.

Templo Ryoanji de Kioto.
[ Templo Ryoanji (Kioto) ]

Por la tarde, nos desplazamos a Arashiyama, un barrio a las afueras de Kioto que nos encantó. En la estación de Arashiyama y sus alrededores había wifi gratis.

Barrio de Arashiyama en Kioto.
[ Arashiyama (Kioto) ]

Paseando a orillas del río Katsura nos encontramos con dos jóvenes vestidas con kimonos, que es el traje tradicional japonés. Merche les preguntó si nos permitían fotografiarlas y, sin dudarlo, posaron muy amablemente.

Japonesas vestidas con kimonos.
[ Jóvenes japonesas vestidas con kimonos ]

A continuación, antes de que se hiciese muy tarde, volvimos a la calle Hanamikoji en el barrio de Gion. LLovía un poco.

Calle Hanamikoji de Kioto.
[ Calle Hanamikoji (Kioto) ]

Esta vez sí estaban abiertos los restaurantes y cenamos en uno de ellos.

Cena tradicional japonesa en la calle Hanamikoji de Kioto.
[ Cena en un restaurante de la calle Hanamikoji (Kioto) ]

NOVENO DÍA - 17 DE MAYO - IR A OSAKA

Cuando estábamos desayunando en el hotel de Kioto, una joven japonesa que estaba sentada a nuestro lado –se llamaba Izumi– nos preguntó de dónde éramos y empezamos a hablar con ella y su acompañante, Manuel, que trabajaba para Lladró y había venido a dar a conocer productos de su empresa en distintas ciudades de Japón. Ella era su guía y hablaba español perfectamente. Nos contó que le gustaba mucho España y que había venido muchas veces. Manuel era la primera vez que visitaba Japón. Nosotros les hablamos del viaje que estábamos haciendo y que ese día íbamos a ir a Osaka. Por lo que, Izumi nos recomendó ir al Jardín Flotante del Umeda Sky Building y probar dos comidas típicas: “okonomiyaki” y “takoyaki”.

A Osaka nos desplazamos en tren. Nada más llegar al hotel preguntamos en recepción si tenían un plano de la ciudad, y también de Kobe. Casualmente, el chico que nos atendió era de Kobe. Así que, le explicamos que teníamos intención de ir ese mismo día por la tarde y le preguntamos qué nos recomendaba visitar y cuál era la mejor forma de desplazarnos hasta allí. Como no podía ser de otra forma, nos dio unas indicaciones estupendas que, junto con las recomendaciones de sitios para ver que nos había dado Hiroki vía Facebook, nos vinieron de maravilla. No obstante, antes de ir a Kobe fuimos al Castillo de Osaka.

Castillo de Osaka.
[ Castillo de Osaka ]

Desde lo alto del castillo disfrutamos de unas magníficas vistas de la ciudad. Además, corría un aire fresco que nos supo buenísimo, ya que el día era muy caluroso.

Vistas desde el Castillo de Osaka.
[ Vistas desde el Castillo de Osaka ]

Después de ver el castillo tomamos un tren en la estación de Umeda que nos llevó a Kobe en poco más de media hora. Al llegar, nos dirigimos hacia el puerto y buscamos un sitio para comer. Queríamos probar la famosa ternera de Kobe “Kobe beef”, pero no encontrábamos un restaurante donde la sirvieran. Se hacía tarde y teníamos mucha hambre, por lo que entramos en un restaurante donde Merche pidió una ensalada y yo unos espaguetis. Después, paseamos por el puerto.

Carlos y Merche en Kobe.
[ Carlos y Merche en Kobe ]

Nos acercamos a la Torre de Kobe, se puede ver al fondo de la imagen y es característica por ser una torre hiperboloide. Pasamos al lado del Museo Marítimo, aunque no entramos. Luego, por la calle Motomachi fuimos hasta el barrio chino.

Barrio chino de Kobe.
[ Nankin Machi (Kobe) ]

Para entonces, ya habíamos visto muchos sitios donde servían “Kobe beef”. ¡Qué pena no haberlos encontrado antes! Pero, como no nos íbamos a quedar a cenar en Kobe, decimos probarla en un puesto que la cocinaban y servían en la calle. ¡Estaba riquísima!

Carlos probando kobe beef.
[ Probando “Kobe beef” ]

Lo último que vimos de Kobe fue el Santuario Ikuta Jinja. No estuvimos mucho tiempo, pero nos encantó visitar la ciudad natal de Hiroki.

Santuario Ikuta Jinja en Kobe.
[ Santuario Ikuta Jinja (Kobe) ]

Volvimos a Osaka y, siguiendo la recomendación de Izumi, subimos al Observatorio del Jardín Flotante del Edificio Umeda Sky. Ya se había hecho de noche y las vistas eran espectaculares.

Osaka de noche desde el Edificio Umeda Sky.
[ Vistas de Osaka desde el Observatorio del Jardín Flotante del Umeda Sky Building ]

De vuelta al hotel, buscamos un restaurante donde sirvieran “okonomiyaki”. De modo que, fuimos preguntando hasta que ¡lo encontramos!

Okonomiyaki - Osaka.
[ Okonomiyaki ]

Pedimos una “okonomiyaki” para los dos. Vino un chico muy joven y la cocinó delante nuestra, en una plancha incrustada en la mesa. Allí mismo la comimos y nos encantó. Tanto es así que estamos pensando en buscar la receta por Internet y aprender a hacerla.

DÉCIMO DÍA - 18 DE MAYO - EXCURSIÓN A NARA

Entre los años 710 y 784 Nara fue la capital de Japón y en ella hay numerosos templos. Para ir a Nara, en Osaka cogimos un tren en la estación de Namba que nos llevó hasta la estación Kintetsu Nara. Desde allí, realizamos toda la visita a pie. Primeramente, fuimos al Templo Kofukuji y al Templo Gangoji. Después, paseamos hasta el Templo Kasuga Taisha. Más tarde, nos dirigimos al Templo Todaiji, donde vimos la estatua del Buda más grande de Japón, mide 16 metros de altura.

Gran Buda del Templo Todaiji en Nara.
[ Gran Buda del Templo Todaiji (Nara) ]

En Nara hay muchos ciervos que viven en libertad y se acercan a la gente en busca de comida. A los de la imagen les hice la foto delante del Monte Wakakusa. Como se puede ver, estaban a la sombra, debido a que hacía mucho calor.

Ciervos de Nara.
[ Ciervos a la sombra de un árbol en Nara ]

Cuando volvimos a Osaka, encontramos un bar donde probar “takoyaki”, aunque no nos gustó tanto como la “okonomiyaki”. Estábamos muy cansados. Pero, no nos queríamos ir de Osaka sin ver de cerca la Torre Tsutenkaku en el barrio de Shinsekai.

Barrio de Shinsekai en Osaka.
[ Shinsekai (Osaka) ]

¡Al día siguiente regresábamos a España!

UNDÉCIMO DÍA - 19 DE MAYO - VUELTA A MADRID

Puse tres alarmas para que sonasen a las 6:30h. –la del móvil, la del reloj y otra de la habitación del hotel– no fuese que nos durmiéramos y perdiéramos el avión. A las 10:55h. despegamos desde el Aeropuerto Internacional de Kansai, el cual está ubicado en una isla artificial en la bahía de Osaka. Nos pareció una obra colosal. A las 16:30h. aterrizamos en París, pero tuvimos que esperar hasta las 21:25h. para coger otro avión que nos llevó a Madrid. Llegamos pasadas las 23:30h. Después de recoger las maletas que habíamos facturado, fuimos en metro hasta el Hotel AC Atocha que está muy cerca de la estación de Atocha-Renfe, donde habíamos reservado habitación. Llegamos a las 1:30h. aproximadamente.

DUODÉCIMO DÍA - 20 DE MAYO - VUELTA A MADRID

El tren Alvia que nos trajo a Pamplona llegó a las 15:00h., llevaba 20 minutos de retraso. Fuimos a comer algo antes de ir a casa a dejar las maletas y, sin deshacerlas, fuimos a recoger a nuestro hijo Juan –tiene 9 años– a la salida del colegio. Le habíamos echado mucho de menos, suponemos que tanto o más que él a nosotros. De hecho, esta ha sido la primera vez que hemos estado separados de él tanto tiempo. Pero, sabíamos que estaba muy bien cuidado por Isabel –hermana de Merche– y su hija Maite –prima de Juan–.

ALGUNAS CURIOSIDADES SOBRE JAPÓN

Tanto para Merche como para mí, este viaje ha sido uno de los más gratificantes que hemos hecho. Nos ha encantado Japón, su cultura, su gastronomía, la amabilidad y hospitalidad de los japoneses, la belleza de sus templos y santuarios, etc. A continuación, nombro algunas curiosidades que nos llamaron la atención.

En todo momento, tanto por el día como por la noche, percibimos mucha seguridad en cualquiera de los lugares que estuvimos. Un pequeño ejemplo de ello fue ver muchísimas bicicletas aparcadas en la calle, incluso observamos que en algunas de ellas habían dejado el casco, la chaqueta o el paraguas. Algo impensable en España.

Bicicletas en la calle.
[ Bicicletas aparcadas en las calles de Japón ]

El respeto por el bien común es algo omnipresente. El mobiliario urbano está muy bien cuidado. No se ven destrozos ni pintadas. Las calles está muy limpias, sin papeles por el suelo, ni colillas de cigarrillos, etc. Existen zonas específicas para fumadores.

Zona para fumar en una calle de Japón.
[ Zona para fumadores ]

Para moverte por las ciudades o lugares turísticos, existen muchísimas señales y planos indicando por donde se puede ir.

Indicaciones para moverse en Nara.
[ Señales en Nara ]

Incluso en el suelo hay infinidad de flechas para indicar el camino a los peatones y agilizar la circulación, sobre todo en lugares donde se concentra mucha gente: estaciones de metro, aeropuertos, etc.

Líneas y flechas en el suelo.
[ Líneas y flechas en el suelo ]

También es de agradecer que, allí donde fuimos, encontramos muchísimos baños –toilettes– públicos gratuitos. Asimismo, vimos fuentes para beber agua y máquinas de bebidas (agua, refrescos, té verde…) por todas partes.

Máquina de bebidas.
[ Máquina de bebidas en el Mercado de Tsukiji (Tokio) ]

Moverse por el metro o utilizar líneas de tren es bastante fácil. Primero hay que comprar el ticket por el importe necesario para llegar al destino. Dicho importe viene indicado en unos paneles al lado de unas máquinas donde se pueden comprar los tickets.

Panel de precios de la línea JR Hankyu Kobe.
[ Precios de la Línea JR Hankyu Kobe ]

Los tickets deben pasarse por unas máquinas de control al entrar y salir de las estaciones de metro o tren.

Tickets del metro de Tokio.
[ Tickets de metro en Tokio ]

Acerca del precio de las cosas, en general nos pareció que no había mucha diferencia con respecto a España. Por ejemplo, un plato de espaguetis ronda los 600 yenes, que equivalen a unos 5 euros. El precio medio de las entradas a templos, torres, castillos… es de unos 500 yenes, algunos más baratos y otros más caros. En el interior de muchísimos lugares está prohibido hacer fotografías, grabar vídeo o usar el teléfono móvil. Incluso vimos avisos de no hacer dibujos de las obras –bosquejos– o utilizar drones.

Prohibiciones sobre propiedades culturales en Japón.
[ Prohibiciones sobre propiedades culturales ]

Sobre los horarios, la mayoría de lugares turísticos (templos, santuarios, museos...) cierran alrededor de las 17:00h. Por tanto, conviene tenerlo en cuenta si se quieren visitar. Por otra parte, encontramos algunos restaurantes que dejaban de servir comida a las 13:30h. o cenas a las 21:30h.

Otras muchas cosas también llamaron nuestra atención. Por ejemplo, en algunos restaurantes había escaparates que mostraban los platos que servían:

Escaparate de platos de comida.
[ Escaparate de platos de comida de un restaurante ]

Vimos muchos modelos de coches que no estamos acostumbrados a ver en España:

Coche japones.
[ Coche ]

Nos fascinaron los parques y jardines preciosos que encontramos en muchos lugares. Por ejemplo, la siguiente foto la hice en los alrededores del Templo Kinkakuji, en Kioto.

Jardines del Templo Kinkakuji en Kioto.
[ Jardines en los alrededores del Templo Kinkakuji (Kioto) ]

No sabemos si algún día volveremos a visitar Japón, aunque desde luego nos encantaría. En esta ocasión sólo estuvimos unos pocos días, pero los vivimos muy intensamente. Ha sido un viaje muy enriquecedor en muchos sentidos.

CONSEJOS PARA VIAJAR A JAPÓN

Finalmente, para aquellos que estéis planeando visitar Japón, quiero recomendar un par de cosas que a nosotros nos vino muy bien llevar:
  • Una batería externa para los teléfonos móviles. Nos vino genial, ya que utilizamos el móvil muchísimo para conectarnos a wifis gratuitas, orientarnos con el GPS, usar el traductor, etc. Por otra parte, existen muchas aplicaciones que se pueden instalar en el móvil que pueden ser muy útiles para viajar por Japón. De todas ellas, nosotros utilizamos especialmente Japan Connected-free Wi-Fi para conectarnos a redes wifi y TABIMORI para saber qué combinaciones de trenes había que tomar para ir de una estación de metro o tren a otra.
  • Varios adaptadores de enchufe. Nos pudimos apañar con dos. Pero, otro más no nos hubiese venido nada mal, ya que llevábamos dos móviles, una batería externa, un ebook, una cámara de fotos y un secador de pelo.

3 comentarios:

Maite dijo...

Si ya tenía ganas de conocer Japón, después de esto...
Por cierto, creo que vosotros le echasteis mas de menos a Juan que él ��

Carlos Pes dijo...

Creo que tienes mucha razón Maite :D Muchas gracias por todo! Y espero que os animéis a ir a Japón cuando podáis, os gustará :)

Paqui Rivas dijo...

Me ha encantado el articulo, dan ganas de salir corriendo y coger el primer avion hacia Japon. Muchas gracias por compartir tus experiencias. Espero poder ir algun dia no muy lejano.